

























La boda de Miguel y Lia fue una jornada llena de emociones, elegancia y momentos espontáneos que reflejaron la magia de celebrar el amor en una hacienda de Cundinamarca. Como fotógrafo de bodas en Chía, tuve el honor de documentar cada instante, desde los preparativos hasta la fiesta bajo las estrellas.
Todo comenzó con el «getting ready»: el vestido de novia colgado en una escalera de madera, los zapatos color nude reposando sobre un farol antiguo y el ramo de rosas rosadas y blancas, listos para acompañar a Lia en su gran día. Entre espejos dorados, ventanales iluminados y escaleras elegantes, la novia se preparó rodeada de detalles que aportaron un toque romántico y atemporal a las fotografías.
La ceremonia religiosa, celebrada frente a un imponente crucifijo dorado, marcó el momento en que Miguel y Lia se convirtieron en esposos. Después llegó uno de los instantes más tiernos: un beso cubierto por el velo de la novia, capturado en plena luz natural. La sesión continuó en los jardines de la hacienda, donde la pareja caminó de la mano entre árboles, compartió risas y protagonizó momentos divertidos y llenos de complicidad.
Ya en la recepción, la decoración brilló con candelabros dorados, una mesa de postres exquisita y las icónicas letras «Sr. y Sra.» que coronaron la mesa principal. El primer baile fue uno de los momentos más conmovedores: lágrimas de felicidad, abrazos sinceros y un beso apasionado en la pista, todo bajo una elegante lámpara de cristal y un techo de telas blancas. La noche cerró con la hermosa imagen de la carpa de bodas iluminada con luces cálidas, un escenario perfecto para el final de esta historia.
Si sueñas con una sesión de bodas en hacienda Cundinamarca llena de autenticidad, elegancia y emoción, contáctame y hagamos de tu boda una historia para recordar a través de imágenes inolvidables.
